Hija de escultor y pintora, crece y se forma en un ambiente marcado por el arte.
Pinta desde pequeña y va desarrollando un estilo muy definido caracterizado por el rigor, la limpieza, la síntesis, la pasión por los infinitos matices del blanco y una “utilización” del realismo en función de algo que está muy lejos de la representación, una manera de contar la realidad, las relaciones, la soledad, con una notable dosis de ironía. Un equilibrio sólidamente inestable que puede leerse de muchas maneras, un juego de sugerencias que provoca permanentemente al espectador y que deja más preguntas que respuestas.
Alguien la llamó, muy acertadamente “una pintura silenciosa”.
2 comentarios:
Desgarro suena a dolor, mejor no usar esa palabra. Porque ahora asoma por detrás la carne que protegía esa piel inmaculada.
Demonios, sigo viendo esa sútil luz que tanto me agrada.
Bueno, entonces un desgarro indoloro, un desgarro de apertura, de acercamiento, que se muestra y muestra lo que esconde.
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